Si hay algo que todos podemos verificar en cuanto hemos vivido un poco, más aún si nos interesamos por los mercados financieros, es que muy a menudo se forman las llamadas “burbujas”. Una de las reflexiones que podríamos hacer es si  los mecanismos económico-financieros que facilitan nuestra actividad productiva, son los que generan las burbujas (en cuyo caso ciertas modificaciones podrían evitarlas o suavizarlas)  o si en cambio, las burbujas forman parte de la propia naturaleza del ser humano, y por tanto es inútil cualquier intento de controlar su formación.

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George Soros, en sus distintos libros explica su marco conceptual, al que atribuye el éxito que ha tenido en los mercados financieros. El término que sintetiza ese marco es la REFLEXIVIDAD.

¿Qué tienen en común la reflexividad y las burbujas financieras?

La reflexividad es un fenómeno, que según describe George Soros, se produce en situaciones en los que participan individuos pensantes. Una situación reflexiva, es aquella en la que el punto de vista de los participantes influye sobre la evolución real del acontecimiento que están observando, y el rumbo del acontecimiento influye en el punto de vista del participante. Se produce así un círculo de influencia mutua que en determinadas circunstancias acaba por generar una burbuja. Según Soros, este concepto es la clave para entender la formación de burbujas, y por lo tanto ser capaz de identificar su formación, seguir su evolución y aprovecharse financieramente del proceso.

Los mercados financieros son reflexivos.

Los mercados financieros ofrecen el ejemplo perfecto de procesos reflexivos. Ilustremos el caso para el mercado bursátil.

Primero tengamos en cuenta que en la bolsa una parte bastante importante del volumen negociado se realiza a través de créditos (y no sólo de ahorros como podría suponer el lector), para comprobar el estado del crédito en el mercado mira este artículo de Zerohedge y saca tus propias conclusiones.

Veamos como se produce una situación reflexiva:

El inversor (individuo pensante) observa el mercado, y puesto que el mercado es una realidad excesivamente compleja y dinámica, su forma de pensar sobre él la simplifica hasta un punto manejable por el pensamiento. Esta simplificación hace que no esté observando la realidad del mercado sino su propia interpretación de la misma. Si el mercado sube, eso es bueno, y el inversor está contento pues tiene beneficios (por lo que el mercado está influyendo en el proceso de pensamiento del inversor). A su vez, el inversor al ver que el mercado sube, pasa a la acción invirtiendo más (por lo que la propia evolución del mercado, ha influido en la toma de decisiones del inversor, y esta toma de decisiones ha influido a su vez sobre el mercado). Se produce un proceso reflexivo.

Si además tenemos en cuenta cómo entra el crédito en la ecuación, entonces la situación se vuelve más reflexiva aún. Al fin y al cabo, si el inversor invirtiera sólo sus ahorros llegaría un punto en que aunque quisiera, no podría invertir más. El crédito cambia este panorama de manera significativa. 

Es muy común (cada vez más) invertir a crédito, poniendo una garantía. Supongamos que esa garantía es del 50% de la operación. Por tanto, para comprar 100.000 euros de acciones, el inversor tiene que poner sólo 50.000 euros. El balance sería el siguiente.

Acciones: 100.000 euros. Respaldo de capital. 50.000 euros. Deuda 50.000 euros.

Si el mercado sube un 20%, las acciones pasan a valer 120.000 euros.

Acciones 120.000 euros. Respaldo de capital: 70.000 euros Deuda: 50.000 euros.

Ahora, en una cuenta que funcione con crédito al 50%, el inversor puede comprar 20.000 euros más de acciones a crédito, pues los beneficios hacen que la garantía valga más y el broker te preste más dinero.

Cuando el crédito entra en la ecuación, la situación se vuelve más reflexiva aún.

  • Más valor de las acciones > más garantías para pedir prestado > más capacidad de comprar a crédito > más demanda para el mercado > más sube el mercado > más garantías para pedir prestado… 

Este círculo se refuerza a sí mismo creando una burbuja.

Cuando la bolsa se nutre exclusivamente de ahorros, podría estar subiendo hasta acaparar todos los ahorros de la economía, y una vez acaparados no podría haber más demanda, pero si el crédito está presente ¡¡¡ no existen límites !!! los únicos límites serán los propios pensamientos de los inversores, hasta dónde sean capaces de endeudarse y dejarse influir por la propia evolución del mercado. Finalmente, el proceso llega a un punto en que se revierte, y entonces se produce un círculo reflexivo, pero a la inversa.

Para saber más: